Reducir peso no consiste en mover un único control: primero hay que decidir cuántos píxeles y qué formato necesita la imagen.
Tres variables distintas: píxeles, formato y calidad
Las dimensiones indican cuántos píxeles contiene la imagen. El formato decide cómo se organizan esos datos y qué funciones admite, como transparencia. La calidad de exportación controla cuánto detalle puede descartar un formato con pérdida. Mezclar estos conceptos conduce a archivos pesados o resultados borrosos.
Una fotografía destinada a una zona pequeña de una web rara vez necesita las mismas dimensiones que su original de cámara. En cambio, un logotipo con transparencia puede necesitar PNG aunque otro formato genere un archivo más pequeño.
Empieza por el tamaño de visualización
Averigua dónde se verá la imagen y cuál es el ancho máximo necesario. Redimensiona una copia manteniendo su relación de aspecto. Reducir píxeles innecesarios suele ser una mejora más limpia que forzar una compresión extrema sobre una fotografía enorme.
No amplíes una imagen pequeña esperando obtener detalle nuevo. El escalado puede crear más píxeles interpolados, pero la información que nunca captó el original no reaparece.
Elige el formato por el contenido
JPG funciona bien en fotografías y permite ajustar la calidad. PNG conserva bordes definidos y transparencia sin pérdida, pero puede resultar pesado con escenas llenas de colores. WEBP es práctico para distribución web cuando todo el flujo de publicación lo admite.
Una conversión no mejora automáticamente la imagen. Pasar un JPG ya deteriorado a PNG evita nuevas pérdidas en ediciones posteriores, pero también conserva los defectos que ya existían y probablemente aumente el peso.
- Fotografía: compara JPG y WEBP.
- Transparencia o líneas: conserva PNG.
- Compatibilidad antigua: guarda una alternativa JPG.
Evalúa con los ojos y con el peso
No elijas un nivel de compresión solo por el porcentaje de ahorro. Compara la copia con el original en el contexto real: una imagen de producto requiere bordes limpios; una captura necesita texto legible; una miniatura tolera menos detalle porque se muestra pequeña.
Si aparecen bloques, halos o zonas empastadas, vuelve a una calidad superior. El mejor archivo no es siempre el más pequeño, sino el que cumple el límite de peso sin perjudicar la información que debe comunicar.